sábado, 18 de agosto de 2012

Capitulo 3.


Las 9:30. Demasiado pronto para comer. Desayuno algo y salgo a dar un paseo con mi perro para despejarme antes de comer. Paso por delante de una casa que esta unas calles más lejos de la mía, conozco a los dueños de esa casa, los señores García, cuando era pequeña cuidaban de mí si mis padres iban a trabajar. Pienso en darles una visita pero algo me detiene, escucho sus voces en el jardín, y la voz de su hijo de seis años, pero escucho otra voz, una voz tierna que conozco. Me pongo de puntillas y miro por encima del no muy alto muro de la casa evitando que alguien me vea. Veo a la señora García sentada en una silla y a su hijo sentado en suelo mientras juega con Pablo. Esa voz era la de Pablo, me acabo de enterar de que es el sobrino de los García. El pequeño se tira encima de Pablo y juegas a pelarse mientras ríe. La señora García dice algo y atiendo a la conversación.
-Pablo, se te dan bien los niños-mira hacia ellos sonriente-A ver cuando encuentras a una chica para tenerlos.
-Aún tengo diecisiete años, tengo tiempo-ríe-Aún así hay una chica, pero vive demasiado lejos, ósea, cuando me vaya a Inglaterra es imposible.
-¿Si? ¿Y de quien se trata?
Afino más el oído para intentar escuchar pero de repente lo que escucho es un ruido a mi lado. Dejo de mirar por el muro y veo salir de la casa al señor García.
-Hola Ale.
-Hola Ezequiel.
-¿Qué haces por aquí?
-Nada, dando un paseo.
-Yo iba a irme pero, está dentro Melisa con Luis y nuestro sobrino Pablo-me mira como si pensara que no lo conozco, y realmente él no lo sabe-El vino de Inglaterra, marcha dentro de poco.
-Algo había oído.
-Si quieres pasar a saludarles.
-Mejor en otro momento, ahora tengo algo de prisa, pero gracias de verdad.
-Bueno no pasa nada, sabes que aquí puedes venir siempre que quieras.
-Claro-sonrío-bueno, me voy ya.
-Vale, espero verte pronto, y saluda a tus padres.
-Seguro que me verás. Chau.
Sigo paseando a mi perro, algo intrigada por no saber quien le gusta a Pablo. Dijo que cuando marchase a Inglaterra se acababa, que vivía lejos. ¿Y si era yo? No, claro que no. ¿Cómo iba a ser yo? Que tonterías. Pero siento algo, un cosquilleo, como nervios al pensar que quizás sea yo, ¿Serán mariposas? No, fijo que es que tengo hambre y ya estoy mezclando sentimientos. Llego a casa y espero hasta que nos sentamos los tres a comer.
-Hoy me encontré al señor García.
-¿Y no te dijo nada de la cena?
-¿Qué cena?
-Esta su sobrino Pablo de Inglaterra aquí, nos invitaron a cenar el sábado en su casa.
-¿Mañana ya?
-Sí -hizo una pausa para masticar-Les dije que iríamos.
-Vale, por mi bien.
Por mi bien, para que mentir, me hacia una ilusión tremenda pero a la vez tenía algo de vergüenza.
(…)
-Bueno, ¿Que vamos a hacer hoy?
-No lo sé. Te dejo escoger a donde quieres ir.
Empezamos a andar sin ninguna dirección ya que no había traído su moto. Entonces al llegar a una gran plaza donde había bastante gente se paró y me miro extrañado.
-¿A dónde vamos?
-No sé, yo te estoy siguiendo.
-¿Enserio?-empezó a reírse con una de sus preciosas sonrisas y achinando algo los ojos, hasta que me volvió a mirar sin quitar una leve sonrisa de su cara-Yo te estaba siguiendo a ti.
Entonces me empecé a reír yo también haciendo que él también se riera de nuevo. Quien nos viera pensaría que somos tontos o algo.
-Venga, no nos confundimos tanto, hay una heladería ahí-señaló una pequeña caseta a un lado de la plaza de color chillón donde hacían unos helados riquísimos-Te invito a un helado.
Nos vamos acercando al puesto y pedimos un helado cada uno. Salgo y busco una mesa libre para poder comer nuestro helado y al poco sale Pablo con los helados en las manos. Empezamos a hablar de todo un poco, de que si discute mucho son sus padres, de que se marchaba dentro de dos semanas y de que a él le gustaría quedarse aquí a vivir con sus tíos. Y después de eso pensé que en tres días este chico me dio una confianza increíble que me costaría ganar con cualquier otra persona. Y deseaba que se pudiera quedar, pero sabía que eso era imposible.
-¿En qué piensas?-Le miro y ahí está, con una estupenda sonrisa en la cara.
-No, en nada-le devuelvo la sonrisa.
-Por cierto, ¿Cuándo me darás tu número?
-Mmm, ¿crees que lo mereces?
-Claro, te salve la vida, te compre flores, te invite a un helado y te dije que eres preciosa, ¿Qué me queda para conseguirlo?
-No me dijiste que soy preciosa
-Pero lo pienso.
Siento como me pongo roja e intento taparme con el pelo mientras tomo otro poco de helado.
-Creo que no lo mereces aún.
Pone cara de pena y yo me rio al verle. Luego miro el helado y le vuelvo a mirar a él, que aún sigue con cara de que no rompió un plato en su vida. Mancho el dedo en helado y se lo pasó por la nariz marchándosela toda. Pone cara de sorprendido e intenta hacer lo mismo pero escapo corriendo. Siento que levanta, corre detrás de mí y empiezo a correr más rápido. De repente me paró en seco y le miro.
-¡No pagaste lo helados!
-Es verdad-se echa las manos a la cabeza y pone cara de sorprendido. Entonces veo como la dependiente de la heladería sale y se lo digo-¡Corre!
Empieza a correr y me asusto, no pagó lo helados, la dependienta nos vio ¿Y se echa correr? ¿Pero este chico de donde salió? Pienso en ir a pagar yo, pero casi no cogí dinero y no me daba para todo, entonces corro detrás de él. No sé porque, pero lo hago, y siento ganas de matarle por lo que acaba de hacer. Nos alejamos de la plaza y llegamos a un parque donde solo hay bancos, arboles y fuentes. Allí no suele haber nadie, solo parejas que buscan intimidad y gente que no sabe donde pasear a su perro. La mayoría de la gente que pisa ese parque es para ir a las pistas de skate que había a unos metros de allí. Pablo se para jadeante y se sienta en uno de los bancos, yo me pongo de pie delante de el apoyando las manos en mis rodillas para intentar coger aire.
-¡Eres imbécil!-Él se ríe costoso por el cansancio y yo me cabreo-En serio, estás loco, yo no quiero volver a ir contigo a ningún lado-Empiezo a andar alejándome de él.
-Espera-sigo andando sin mirar atrás hasta que siento como me coge de un brazo- Espera tonta.
-¿Qué?-le miró furiosa y él vuelve a reír.
-Que si que pagué los helado antes de llevarlos a la mesa, ¡era una broma!
-¡Yo te mato! ¿Para eso corrí y me asuste tanto? ¡Es que te odio!
Empiezo a pegarle en los brazos con la poca fuerza que tengo mientras se ríe y me coge las manos.
-Enserio no puedo creer que pensaras que era verdad.
-Pues sí que lo pensé, ¡y me asuste! Pensaba ¿Y si va la policía a mis casa qué?
-Mima, tu sí que estás loca-se ríe mientras que yo le vuelvo a mirar seria-Venga Ale, yo nunca haría nada que te pudiera hacer mal a ti.
Pone una cara tierna y le miro dándole a entender que no le creo cuando en realidad me están dando ganas de abalánzame sobre él y abrazarle.
-Te lo prometo-sonríe-Vamos anda-me pone la mano sobre mis hombros apretándome junto a él y siguió andando haciendo que yo también anduviera-¿Tú sabías que mañana va a venir una chica muy fea a cenar a mi casa?
-No, pero que casualidad, yo ayer me enteré de que voy ir a cenar a casa de un chico muy feo.
-Aún así yo quiero que venga.
-Aún así yo quiero ir.
Nos reímos y me mira fijamente.
-Ojalá te pudieras venir conmigo para Inglaterra.
(…)
Llegamos enfrente de mi casa y me acuerdo de algo.
-Déjame tu móvil.
-¿Para?
-Fíate de mí.
Dudando, saca su móvil del bolsillo de su pantalón y me lo da. Anoto mi número poniéndole de nombre “La más guapa del mundo”. Me río y se lo doy.
-¿Qué hiciste?
-Nada-me encojo de hombros sonriente.
El niega con la cabeza, se acerca y me rodea con sus musculosos brazos dándome un beso en la frente.
-Venga, duerme bien princesa.
-Lo mismo digo príncipe.
El se ríe y se va andando mientras veo como se aleja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario